Vas manejando y un policía te marca el alto, te detienes, le entregas tus papeles. Cooperas…

¿Por qué lo haces? ¿Por qué te inspira? ¿Por qué crees en su visión de vida? ¡¡No!! Lo haces por el uniforme y la placa. En cuanto te devuelve tus documentos, arrancas y te olvidas de él. Obedeciste a la posición, no a la persona. A todos nos ha pasado esto en la calle. Pero lo grave es cuando esta misma escena se repite, todos los días, dentro de tu empresa ¿Por qué asumimos que ponerte el título de «Director General» o «CEO» hace que tu equipo mágicamente se ponga la camiseta? ¿Por qué la gente te hace caso únicamente cuando estás presente?

El error más común del emprendedor es confundir autoridad con liderazgo. Creer que porque tú firmas las quincenas, la gente te va a seguir en las buenas y en las malas. La realidad es incómoda: si solo te hacen caso por tu puesto, no te están siguiendo a ti; solo están obedeciendo al uniforme. El liderazgo no es un botón de encendido y apagado; tiene niveles. Si entiendes en cuál estás hoy, sabrás exactamente por qué tu empresa está estancada:

«Un camino por recorrer»

Nivel 1: Por Posición (El «Jefe»). La gente te sigue porque tiene que hacerlo. Tienes el puesto, tú pagas. Si te vas de la oficina, el rendimiento cae a la mitad; aquí mueren la mayoría de las PyMEs por falta de control.

Nivel 2: Por Relación (El «Amigo»). La gente te sigue porque quiere hacerlo. Creaste confianza y los escuchas. El ambiente es bueno, pero cuidado: si te pasas de «buena onda», la disciplina se relaja y el negocio se vuelve un club social.

Nivel 3: Por Resultados (El «Líder»). La gente te sigue por lo que has logrado por la empresa. Das el ejemplo. Te admiran por tu capacidad de ejecución y porque das resultados medibles.

Nivel 4: Por Desarrollo (El «Mentor»). La gente te sigue por lo que has hecho por ellos. Los volviste mejores profesionales. Aquí es donde los procesos, la contabilidad y la operación caminan solos, porque formaste gente que sabe decidir sin ti.

Para salir del Nivel 1 y empezar a escalar, hazte este examen de conciencia hoy mismo:

Si mañana te ausentas un mes entero de la empresa, ¿el equipo sigue trabajando con el mismo estándar o se vuelve un caos? ¿Tu equipo te pide permiso para todo o te propone soluciones ya analizadas?
Cuenta cuántas veces al día te buscan para resolver problemas operativos pequeños. Si son más de cinco, estás atorado en el Nivel 1. Cambia la orden por la pregunta, la próxima vez que alguien te diga «Jefe, ¿Qué hago aquí?,» responde: «¿Tú qué propones?» forzar el pensamiento es el primer paso para delegar. El liderazgo real se apoya en datos, no en corazonadas. Si tu equipo no conoce las metas ni los números clave de su área, están jugando a ciegas. Dales un tablero de resultados para que se lideren solos.

Reflexión final

Si tu equipo solo trabaja cuando los estás viendo, no tienes una empresa; tienes una guardería costosa.

Autor y editor: Luz María Jaramillo Herrera